TOMA DE DECISIONES.
Hace 30.000 años, un antepasado
nuestro tenía el mismo cerebro que nosotros.
Estaba caminando por un bosque y de
repente vio una sombra. Si se pone a pensar si esa sombra es la de un
oso que lo podía matar o de una rama… Si fuera un oso ya no
sobrevivía puesto que el oso tiene todas las ventajas para atraparlo
y comerlo, por lo que nuestro antepasado, lo que hacía era salir
corriendo para salvar su vida.
Nuestro antepasado, tenía un proceso
de toma de decisiones rápido, no consciente, intuitivo, no racional
que le permitía salvar la vida. Entonces, para nuestra especie, lo
más importante es sobrevivir y no la Verdad. Por que nuestros
antepasados no querían saber la Verdad, no analizaban si aquello era
por sus características una rama o un oso, salían corriendo y nada
más.
Otro aspecto más importante que la
Verdad, para nuestra especie, es pertenecer a una tribu, a un grupo
social. Por que, para nuestro antepasado, la tribu significaba
protección. Es por eso que una evidencia, una certeza no cambia lo
que pensamos, esa es la razón. Veamos un ejemplo cualquiera:
A menudo me encuentro por Internet,
noticias que son descaradamente lo que denominamos fake, falsas,
fraudulentas, pura mentira y hay gente que se las cree. Imaginemos
por un instante que tu tienes un vecino o un amigo que cree de forma
irracional, que las vacunas producen autismo o que llevan un chip
interior para controlarte o que es una aberración contra-natura o un
pecado contra Dios y tu, le muestras varios informes de prestigiosos
científicos o de organizaciones médicas y muchas evidencias que le
dicen lo contrario. ¿Tu vecino qué va a hacer.?
Sencillamente, negará la evidencia y
buscará a otra persona que piense como él.
Entonces vemos que hay dos sistemas de
toma de decisiones. Uno racional, lógico, analítico, que requiere
de una cierta energía mental, que requiere del uso de recursos
cognitivos; pero este sistema muchas veces se vuelve automático y a
veces es guiado por emociones previas, por aprendizajes previos, no
consientes. Es el sistema de toma de decisiones que más usamos. Es
decir que mayormente vivimos con el piloto automático, ignorando
todo lo que no coincide con lo que pensamos y dando por cierto todo
aquello que coincide con lo que pensamos.
Así que, repito, tenemos dos sistemas
de toma de decisiones. Uno que pocas veces usamos, que es el lógico,
racional, deliberado, analítico pero que requiere energía mental,
de recursos cognitivos que normalmente son limitados, de esfuerzo y
de tiempo.
Y otro sistema, que utilizamos
constantemente, automático, no consciente, intuitivo, guiado por la
emoción del momento, por nuestros aprendizajes y experiencias
anteriores, que no requiere gasto energético, en un contexto que
cambia continuamente. Usamos este sistema automático como nuestro
antepasado de hace 30.000 años. Así es nuestra toma de decisiones e
implica, por supuesto, que caemos más, por puro cálculo de
probabilidades, en continuos errores sin ni tan solo ser conscientes
de ello. Sin embargo…
...Vivir
como el Señor Spock, tomando siempre en cada momento decisiones
lógicas, analíticas, deliberadas no es posible. ¿Por qué?.
Por que para tomar decisiones lógicas, analíticas, deliberadas,
necesitamos dos recursos que no siempre contamos:
El primero es el
recurso cognitivo. Nuestros recursos cognitivos son limitados. Y
segundo, además, requiere conocer el porcentaje de riesgo y
beneficio de cada opción y nunca, en la vida cotidiana, conocemos
ese porcentaje cuando hemos de tomar una decisión.
Así pues, como
expliqué anteriormente, tenemos el proceso de toma de decisiones
automático, que aflora a nuestra consciencia, influenciado por
emociones que tenemos al momento, por experiencias previas, por
memoria previa. Así funcionamos pero, a veces eso no es del todo
negativo o una falta de inteligencia o un error grave, desgraciado o
desastroso. Veamos un ejemplo:
Hace años, en
enero de 2009, un avión se quedó sin un motor en Nueva York y tuvo
que amerizar en las heladas aguas del río Hudson. ¿Se acuerdan?
Si ese avión
hubiera sido manejado por un ser o una computadora que hubiera
tomado, en ese momento, una decisión lógica, analítica y
deliberada, seguramente hubieran muerto todos. Eso no ocurrió por
que el piloto tenía un cerebro humano que pudo adaptarse a un
contexto que cambió rápidamente, basado en sus experiencias
previas, aprendizajes previos e influido con la emoción del momento.
También tomamos
decisiones a causa de las personas que nos rodean. Nuestra pareja,
nuestra familia, nuestros amigos...por las personas que nos rodeamos,
por que somos seres sociales, incluso tomamos decisiones por la
influencia de la sociedad en la cual vivimos. Las historias de las
sociedades en las que vivimos, influyen en la manera que sentimos,
pensamos y decidimos.
Algunas veces,
salimos de nuestro entorno, de nuestra sociedad para instalarnos
temporalmente o permanentemente en otra distinta. Vamos con un bagaje
de creencias previas, de sentimientos previos, de experiencias
previas que nos hace difícil tomar decisiones nuevas y adaptarnos a
ese nuevo entorno; cuanto mayor edad tenemos, más dificultad hay
para adaptarnos, no solo por el idioma, que puede ser otro sino por
otras costumbres, otros modos, otras formas de pensar y por lo tanto
otras formas de tomar decisiones, por que la historia en esa otra
sociedad es distinta de la que procedemos.